miércoles, 25 de noviembre de 2015

Diplomado  Gestión Escolar Jornada Escolar  Completa
Convenio  Ministerio de Educación  y  Universidad Nacional de Educación  “ENRIQUE GÚZMAN Y VALLE - La Cantuta”
LECTURA N° 01 
Mg.  Máximo Monteza Flores
LIDERAZGO PEDAGÓGICO TRANSFORMACIONAL
Deseamos partir de la premisa Educación como proceso social: y diremos que educar en la praxis desencadenaría una serie de efectos que definirían el proceso como: 
a)      Un ir más allá del quehacer diario y de la periferia de las actividades y de los hechos, para llegar progresivamente a la esencia de los mismos; 
b)      Una percepción crítica de las posibilidades de transformación de la educación y de los medios prácticos que deben aplicarse para hacer realidad esa transformación; 
c)      Una toma de conciencia de la existencia de los otros hombres, ubicados históricamente como elementos capaces de modificar las relaciones estructurales de la institución educativa. Solo la praxis puede dar esta apertura a los otros, convirtiéndose así en un factor imprescindible para el desarrollo personal y social.

En este sentido, Gutiérrez Pérez enfatiza en que “la educación es un proceso intencionado hacia el porvenir, proceso que será válido no sólo en la medida en que actualice el mayor número de metas y propósitos, sino por la riqueza y creatividad con que sea vivida en cada uno de sus instantes.

La validez del proceso educativo está en relación directa con la posibilidad de modificar en profundidad, modelos de vida existentes, en la esperanza de un futuro mejor. Este amasar el presente en la esperanza, constituye la aventura humana más trascendente y que, por sí sola, explica la importancia del sistema educativo.
Fundamentar la educación en la esperanza es hacer del hombre el eje central del proceso; es ocuparse de él como el ser que se va creando a sí mismo sin límite alguno; es penetrar en el futuro para que nos ilumine el presente; es recrear permanentemente los fines; es sustentar toda nuestra labor en las posibilidades creadoras que se encierran en todo hombre y creer en esas potencialidades; es concretar utopías y realizar esperanzas; es, en fin, crear un nuevo hombre y una nueva sociedad.
Lograr estos objetivos es hacer realidad “el proyecto esperanza”, tanto a nivel individual como social, por la modificación en profundidad de los estilos de vida, por la ruptura de la lógica de una sociedad irracional y por la adopción de un modelo de crecimiento centrado en el hombre.”
Sirva lo anterior como un marco de reflexión desde donde consideramos importante situar y comprender la importancia del liderazgo pedagógico, creemos que éste deberá orientarse por una praxis educativa superadora del “ego directivo y docente” que conduce a una praxis, para dar lugar a un liderazgo que se sustenta en la “conciencia…, como origen de la evolución personal. Para Herrán Gascón, algunas características de ésta se orientan hacia la:
1.      Generosidad didáctica, traducible como respeto al alumno, capacidad de rectificación, amor a la profesión y corazón puesto en juego, interés por mejorar, disposición a aprender, abnegación de lo condicionante, búsqueda de la coherencia, etc. 
2.      Mayor complejidad de conciencia, o capacidad de visión y comprensión, capacidad de relación y de síntesis, capacidad de integración simultánea de numerosos elementos, capacidad de convergencia, capacidad de interiorización, etc. 
3.      Mejor conocimiento y reflexión sobre el alumno y de cada alumno, sobre el arte de enseñar, sobre el autoconocimiento, sobre uno mismo, desarrollo de capacidades básicas: duda, rectificación, desaprendizaje, autoconstrucción, autocreación, etc.
Gestión y liderazgo pedagógico transformacional: implicaciones para las instituciones educativas.
Ahora bien, sobre el liderazgo se ha generado una profusa literatura, sin embargo interesa destacar los planteamientos que lo re-sitúan en el contexto analizado, para Rojas, conceptualmente el liderazgo es el arte de la conducción de seres humanos. Por su parte, Bolívar lo define como “una forma especial de influencia relativa a inducir a otros a cambiar voluntariamente sus preferencias (acciones, supuestos, creencias), en función de unas tareas o proyectos comunes.” Cabe señalar que varios autores coinciden en destacar que los estudios sobre la dirección y el liderazgo educativo adquieren notoriedad desde la década de los setenta del siglo pasado, lo relevante es que se consideran factor clave de la eficacia escolar. En este aspecto, También Rojas y Gaspar coinciden al señalar que “desde hace algunos años, diversas investigaciones acerca de la gestión y la calidad de las escuelas muestran la importancia del liderazgo, es decir, que se le atribuye al liderazgo una incidencia considerable sobre los resultados académicos de los alumnos.” 
Las dificultades que enfrentan los directivos y docentes son múltiples, lo sabemos, sin embargo, precisamente “El liderazgo se prueba en situaciones complejas, en momentos difíciles o críticos.” 
En un amplio estudio realizado por Rojas y Gaspar destacan que “Los resultados positivos en entornos aparentemente adversos son posibles en  escuelas con docentes y directivos comprometidos. A pesar de la falta de apoyo de las autoridades, a pesar de las carencias de los estudiantes, a pesar de que las familias, los padres estén lejos o trabajen todo el día. A pesar de todo ello, la educación de calidad es posible. Sin embargo, para que una escuela postrada y resignada se ponga de pie y comience una larga marcha hacia la calidad, necesita de líderes. Necesita directivos que guíen y orienten a todos sus colegas, a la comunidad, a los padres, madres, tutores o cuidadores, al personal de servicio y, más que nada, a los niños, las niñas y los jóvenes.” 
De las experiencias analizadas por diversos autores, nos revelan que cualquier cambio que se quiera impulsar es determinante el compromiso asumido por los diversos actores educativos, como hemos podido observar, en este sentido el cambio tendrá que ser con una intencionalidad y una visión clara hacia dónde se debe orientar éste.
Si bien existen condicionantes externos, sin lugar a dudas, resulta fundamental poner atención a los factores internos que imprimen una dinámica propia a los establecimientos educativos. Rojas y Gaspar con claridad plantean que “lo que posibilitará el cambio no será lo que ocurra fuera de la escuela, en las casas o en las calles. Tampoco será la acción de las autoridades. Lo que posibilitará el cambio será la mirada nueva con que los docentes encaren su trabajo, pues esa mirada nueva les hará organizarse, relacionarse y actuar de manera diferente. Y esa manera diferente de organizarse, relacionarse y actuar traerá frutos nuevos. El cambio se habrá iniciado desde dentro, desde el corazón de las escuelas”
En este sentido, se puede hablar de experiencias exitosas o de buenas prácticas que coloca a las escuelas en este escenario a partir del logro de resultados destacables. De acuerdo con la Oficina Regional de Educación de América Latina-UNESCO, entre sus principales características se pueden mencionar las que están en el ámbito de la gestión y en el pedagógico:
En materia de gestión:
1.        Clima escolar (organizacional) caracterizado por las buenas relaciones entre los alumnos/as, los/as docentes, el personal directivo no docente, las familias y la comunidad.
2.       Gestión institucional centrada en lo pedagógico. El aprendizaje de los alumnos en el centro de su accionar. 
3.     Liderazgo directivo y técnico, proyectos educativos con metas concretas y priorizadas, reglas claras y explícitas, profesionalismo y ética del trabajo, planificación y evaluación, desarrollo profesional docente, compromiso e identidad institucional.
4.        Alianzas entre escuelas y familias. En el ámbito pedagógico:
5.   Los directivos y profesores tienen y transmiten hacia los alumnos, y con frecuencia también hacia padres y apoderados, altas expectativas con respecto a su aprendizaje.
6.   Clases motivadoras y cercanas a la vida cotidiana de los alumnos, con propósitos claros, estructura, ritmo, alto aprovechamiento del tiempo, exigentes, con predominio de refuerzos positivos, evaluación y retroalimentación regular del aprendizaje de los alumnos; prioridad a la comprensión lectora, expresión de ideas, razonamiento lógico, autonomía y creatividad de los niños y niñas.
En suma, lo que identifica a las escuelas de calidad es que son capaces de crear una pedagogía propia, distintiva y singular. Una pedagogía del cambio, que toma en cuenta la pobreza que debe afrontar el centro escolar, pero no cualquier pobreza y vulnerabilidad, sino la pobreza específica y singular del entorno en que se desenvuelven. De allí que todas las escuelas de calidad muestran proyectos institucionales centrados en lo pedagógico, con metas claras, y sus profesores realizan clases motivadoras y cercanas a la vida cotidiana de los educandos. De acuerdo con los autores referidos, plantean que “dado que sus directivos/as y profesores/as son capaces de desarrollar esa pedagogía propia y singular, confían en ellos mismos y en sus educandos: se saben capaces de enseñar y saben que sus alumnos son capaces de aprender.
Tienen altas expectativas”. Lo anteriormente expuesto nos permite situar el liderazgo transformacional, que de acuerdo con Bolivar “ofrece una visión articulada de los fines de la organización generando motivaciones para participar en los fines y misiones de la organización. El liderazgo ejercido de modo transformacional puede contribuir a transformar la cultura escolar aumentando la capacidad individual y colectiva para resolver los problemas, como ayudar a identificar los fines a conseguir por la organización y las prácticas adecuadas para alcanzarlos”. Entre los rasgos que identifican al líder transformacional se pueden mencionar los siguientes : 
1.   Carisma: capacidad del líder (director) de evocar una visión, de lograr confianza y credibilidad, transmitir entusiasmo y respeto.
Consideración individual (influencia personalizada): capacidad del líder para prestar atención personalizada a sus colaboradores. Se manifiesta en conductas de apoyo y trato personal.
2.  Estimulación intelectual: capacidad del líder para favorecer enfoques nuevos, creativos y relacionados con la dinámica y problemática de la gestión educativa.
3.  Inspiración: capacidad del líder para promover la implicación en el devenir del Centro Escolar, manifestándose en conductas optimistas y de identidad con el Centro.
4.  Tolerancia psicológica: capacidad del líder para usar el sentido del humor como estrategia para afrontar momentos duros y difíciles en la interacción educativa. 
Conclusiones
Como se ha podido observar, los desafíos son numerosos para los sistemas educativos, instituciones educativas, para los directivos y docentes, como lo expresamos anteriormente, para modificar las prácticas que por la premura rutinizamos perdiendo su sentido, se hace necesario avanzar hacia nuevas perspectivas que resignifican necesariamente el quehacer de la educación, la profesionalización de los gestores constituye una estrategia impostergable para desarrollar nuevos liderazgos desde un enfoque participativo, y transformador, toda vez que desarrollar una conciencia de corresponsabilidad implica instaurar una praxis que contribuye al logro de una sociedad más justa y equitativa, empezando por elevar la calidad de la educación. 

Referencias Bibliográficas:
1.     Aguilar Hernández, Citlali y Sylvia Schmelkes del Valle. Cap. VII. El estado de la enseñanza de la formación en gestión y política educativa en México. En: El estado de la enseñanza de la formación en gestión y política educativa en México. 2001.
2.    Aguerrondo, Inés. (2007) Coord. Escuelas por el cambio: un aporte para la gestión escolar. Bs. As., Argentina: IIPE-UNESCO 
3.    Casassus, Juan. (2000). Problemas de la gestión educativa en América Latina (la tensión entre los paradigmas de tipo A y el tipo B). Chile: UNESCO.
4.    El laico educador cristiano. Imagen y misión en el contexto educativo de América Latina. (1976). Bogotá, Colombia: Confederación Interamericana de Educación Católica (CIEC).
5.    Ezpeleta, Justa. La gestión pedagógica de la escuela frente a las nuevas tendencias de la política educativa en América Latina.
6.    Gutiérrez Pérez, Francisco. (2005). Educación como praxis política. (Col. Educación). México: Siglo XXI. 
7.    Hernández Mondragón, Alma Rosa. (2007). La praxis del educador. Boletín de la FEP. México: Federación de Escuelas Particulares.
8.    Herrán Gastón, Agustín de la, creatividad total y Formación profunda de los profesores. Universidad Autónoma de Madrid.
9.    Lavín, Sonia, Silvia del Solar y Andrés Padilla. (1997). El proyecto educativo institucional como herramienta de construcción de identidad: guía metodológica para los centros educativos. Santiago, Chile: PIIE.
10. Moncayo González, Luis Guillermo. (2006). “Delimitando el concepto de gestión escolar”. Revista de Educación educar. Núm. 39. México, octubre-diciembre, 
11.   Pozner, Pilar. (2000). Gestión educativa estratégica. Diez módulos destinados a los responsables de los procesos de trasformación. Bs. As., Argentina: IIPE.

12. Rojas, Alfredo y Fernando Gaspar (2006). Bases del liderazgo en educación. Santiago, Chile: OREALC/UNESCO.